La mediocridad del tenis mexicano actual

Rafael "Pelón" Osuna, desaparecido en 1969, el más grande en su época. Foto: univisión.com
Rafael "Pelón" Osuna, desaparecido en 1969, el más grande en su época. Foto: univisión.com

Por Julio Ramírez R.

Ahora que se acerca la serie de Copa Davis que sostendrá el equipo mexicano frente a su similar de Venezuela en el mítico estadio Rafael Osuna del querido “Depor” de la avenida Mariano Escobedo de esta capital, nos trae a la memoria tantas hazañas que se vivieron en ese escenario, al que muchos consideraban como la “catedral” del deporte blanco mexicano. Entre otras, aquella sensacional victoria en 1969 sobre Australia (la única ante los aussies) precisamente con Rafael “Pelón” Osuna como el gran artífice, o la de Raúl Ramírez sobre Estados Unidos con Jimmy Connors en 1976.

Sin duda recuerdos imborrables para los aficionados mexicanos.

Sin embargo, nos trae sentimientos encontrados. Porque da coraje, rabia que esas grandes jornadas tenísticas ya no las podamos disfrutar en la actualidad. En ese entonces en México había jugadores distinguidos, con calidad internacional. Ahora todo eso es simplemente historia y anécdotas.

Porque mientras en la mayoría de los países de Europa, Estados Unidos y Argentina, el tenis sigue siendo uno de los deportes más importantes, con jugadores de enorme calidad, en México desde hace ya casi dos décadas sólo se vive de recuerdos, de anécdotas, porque está en decadencia total.

Las últimas figuras nacionales se acabaron con la generación de los Leo Lavalle, Francisco Maciel, Jorge Lozano y en menor proporción Luis Enrique Herrera. De eso ya tiene un buen rato y, como están las cosas, parece que así seguirá por muchos años más.

En la actualidad, en nuestro país, no existen jugadores con pasta para destacar en el plano internacional. Quizá el juvenil César “Tiburón” Ramírez (un veracruzano que pintaba muy bien, pero que a últimas fechas se ha apagado) tiene cualidades para sobresalir.. y pare de contar.

En este país llevan años buscando la fórmula para sacarlo adelante, pero presidentes van y vienen por la Federación Mexicana de Tenis, y todos han sido incapaces, ineptos para salvarlo. La que otrora era una de las federaciones más importantes de México, ahora ya casi desapareció del mapa, incluso hasta la Copa Davis que era uno de los eventos más fuertes que se organizaban, ahora es una caricatura, pues nuestro equipo es uno del montón y en categorías o divisiones que no interesan ni a nuestros aficionados.

Y muchos se preguntan ¿cuál será el secreto para volver a tener un deporte blanco con calidad?

La realidad es que no lo hay, porque el tenis lo seguirán jugando uno contra otro en los singles, con raquetas y pelotitas, con una red de por medio. Lo que hace falta es gente capaz de enseñar, de reclutar jovencitos y que los apoyen. Que encuentren los jugadores física y técnicamente aptos.

Cómo envidiamos a países como Argentina y en general a los europeos que han cambiado al mundo tenístico. El ejemplo más reciente, el joven argentino Juan Martín del Potro con sus casi dos metros de estatura se convirtió en el nuevo ídolo al conquistar el Abierto de Estados Unidos (US Open 2009), uno de los eventos más prestigiosos a nivel mundial. El joven veinteañero, además, superó en la gran final ni más ni menos que al mejor tenista de todos los tiempos: el suizo Roger Federer, máximo ganador de torneos de Grand Slam.

Y en la rama femenil, Rusia es uno de los ejemplos más claros del trabajo y entrega para hacer campeones y convertirse en una potencia mundial, en donde además de excelentes jugadoras, se distinguen por la belleza de sus exponentes, como María Sharapova, Elena Dementieva y Maria Kirilenko, sólo por nombrar a tres. Mientras que en México no existe ninguna tenista con posibilidades de sobresalir.

Raúl Ramírez, junto a Rafael Osuna, los mejores tenistas mexicanos de la historia. Foto: univisión.com
Raúl Ramírez, junto a Rafael Osuna, los mejores tenistas mexicanos de la historia. Foto: univisión.com

Ante esto, nos sentimos frustrados y hasta cierto punto encolerizados por la ineptitud de los dirigentes mexicanos que tienen inmersa a esta disciplina en un mar de mediocridad. Da tristeza ver cómo los jovencitos que sueñan con emular a los grandes astros están allí, en el centro, indefensos, frente a las presiones que sobre ellos ejercen los directivos que usan los puestos como plataforma para sus fines particulares y por ello sólo les exigen a los pequeños triunfos en lugar de propiciar el desarrollo de sus habilidades.

Ya es hora de que en nuestro país se pongan a trabajar para rescatar algo de lo perdido. Por lo menos nos gustaría ver a más jugadores amateurs (juveniles), con potencial para formarlos, porque la historia es vertiginosa y no perdona.

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