El Bardo y Páez… Sin Tapujos‏

Arturo Saldívar.. el triunfador.
Arturo Saldívar.. el triunfador.

DE ESPALDAS AL PÚBLICO

El Bardo de la Taurina:

Entre el tintinear de los vasos cantineros y el humear de las tazas cafeteras se escucha que ya estamos montados sobre otra temporada que muchos han bautizado como la del ‘pilón’, por aquello  que de nueve carteles robaleros (por aquello del robalo que navega a media agua) nos dieron de ‘pilón’ otros  tres que aguantan casi cualquier crítica, aunque eso no exenta que un buen de los actuantes tengan con que chirrionear la reata, lo que sucede es que  la conformación de los carteles fue hecha diametralmente opuesta al gusto de la afición taurina. ¿Por qué?, pues porque  a esta empresa como a los políticos les falta entender los gustos del público.

Alguien  diría que ya ahorita con las marquesinas encendidas ya ni refunfuñar es oportuno. Entonces nos plegamos a la letra esa que escribiera el palmadito Marcial Alejandro: ‘Que me lleve la tristeza, pero que la rabia no’, y cómo uno no se va a enfadar si los promotores tienen los ingredientes pa’ ver confeccionado un mole de rechupete y nos salieron con un ‘Doña María’ que sólo se lo saborean los  incondicionales que los jilguerean a los cuatro vientos, y la afición que se empache de la muina de no ver en un cartel solidez, lógica, creatividad y taurinismo.

¡Ah!, pero como a mí lo que me gusta rete harto es que se haga la chica y que aunque sea entre el revoltijo de chile, de dulce y de manteca acompletemos pa’ degustar sabrosura aunque no banquete, hablando de gourmet lo que sí se puso chido de sabroso fue la verbena previa que se organizó antes de entrar al comal de cemento y arena. Y es que como pólvora se expandió el rumor de que la inauguración se vestiría de torería y gitanería y en efecto así fue pues como por arte de magia aparecieron el maestro de Camas, Paco Camino, y Dieguito ‘El Cigala’. Con ello pa’ mi la tarde estaba hecha, lo demás era lo de menos. ¿Y no fue así? De dieciséis orejas posibles sólo una buena y como estamos en plena Serie Mundial digamos que el promedio de efectividad en el primer encuentro de la temporada  registró más ponches que éxitos.

Leonardo Páez:

Antes que en Sudamérica, el surrealismo taurino –lo real vuelto irracional– alcanza su esplendor en la Plaza México. Así, para la inauguración de la temporada dizque grande 2013-2014 la empresa anunció como primer espada a un fino torero mexicano que este año ha toreado la friolera de ¡cuatro corridas!, dos en el coso capitalino y otras dos en los modestos ruedos de Moroleón, Guanajuato, y Torreón, Coahuila. Vaya manera de hacer toreros.

En otra aportación de los promotores a la nueva liturgia taurina, durante el paseíllo de la primera corrida permaneció en el ruedo una camioneta negra. Enseguida unas personas, incluido el ignoto presidente de la Comisión –¿u omisión?– Taurina del Distrito Federal y el representante de la Unión Mexicana de Toreros, grupo de esquiroles inventado por el empresario, ofrecieron un deslavado, mezquino homenaje al Niño sabio de Camas, Paco Camino, que tantas páginas gloriosas escribiera en los ruedos del mundo.

Luego, mientras José Mauricio brindaba en el ruedo al maestro Camino, el toro casi los arrolla por la impericia de la cuadrilla. Por último, dos de los alternantes recurrieron a la mendicante costumbre del astado de regalo, por lo que la corrida resultó de ocho toros y se prolongó casi cuatro horas.

Como cereza en el pastel, los autorregulados empresarios de la Plaza México ya no encontraron la manera de parar al joven Arturo Saldívar, tercer espada, triunfador en la plaza de Las Ventas este año y casi relegado en la México las dos temporadas anteriores precisamente por sus éxitos en ese escenario. De no creerse. Por cierto, a la postre Saldívar resultó el triunfador del dilatado festejo al cortarle una oreja a su primero, Don Pato, precioso castaño muy bien armado, que acusó más fijeza que fondo, de la ganadería de Barralva.

Paco Camino...
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