El Bardo de la Taurina

Salvador Hernández Mariscal perdió la vida tras cornadón.
Salvador Hernández Mariscal perdió la vida tras cornadón.

El Bardo de la Taurina

LA SOMBRA DE LA FIESTA

Eran aquellos días de nuestro Guadalajara, ‘el de alma provinciana, que huele a limpia rosa temprana, a verde jara fresca del río, son mil palomas tu caserío, Guadalajara.. Guadalajara.. hueles a pura tierra mojada’, en donde los escuincles que habíamos nacido en la primera mitad del siglo viejo soñábamos y jugábamos a ser Toreros, matadores, banderilleros, picadores, monosabios. Lo importante era vivir el mundo del toro ¿se acuerda Don Salvador? No existía la plaza actual, esa en la que hoy pagó usted con sangre su afición, la del Progreso. Era nuestro templo, tampoco existían los grandes estadios y, sí en cambio, el de Oblatos era la catedral del futbol tapatío.

‘La Casa non santa de Rosa Murillo’ era la más venerada de todo Guadalajara, el mejor pozole se comía con Don Tomasito y las Tortas Ahogadas reparaban cualquier cruda. Bueno eso cuentan los abuelos, porque nosotros apenas andábamos dando los primeros pasos allá por 1947, cuando debutaba como sobresaliente el grandote ‘Capeto’, siempre salpicado por el vivo recuerdo del torero de la tierra. El genial ‘Pepe’ Ortiz, aquel del ‘Quite de Oro’ y, como los recuerdos siempre se engarzan, por ello imposible sustraerse a rememorar  que  en 1959 Manuel Capetillo sufriera aquel cornadón por parte de ‘Camisero’ de La Laguna que le partió el pecho, como a usted el novillo ‘Norteño’ y esto no son más que confirmaciones dramáticas, pero verídicas de que la Fiesta Brava, es brava de ‘adeveras’ y por eso en ella los hombres alcanzan la gloria y a veces se sumergen en los infiernos del dolor y el drama, que paradójicamente es oxigeno de refrendo a la seriedad de ésta fiesta.

Y como en la vida,  incluso en el drama, siempre algo es rescatable, así sea el intangible mirar al futuro, hoy el caos sangriento que se tornó en sacrificio del monosabio Salvador Hernández Mariscal, nos da ocasión para hacer un llamado a los empresarios de todo el país a revisar la anchura de sus dádivas con las que lisonjean a una turba de intrusos, que les da por andarse pavoneando en los callejones de las plazas y, esto en su medida también, es una alerta o más bien un llamado de responsabilidad a las autoridades, pues después de lo ocurrido, no se puede esperar un día más para evitar en lo posible una tragedia más, y ojalá la pequeña Virgencita de Zapopan ilumine a los responsables de las plazas dándoles a entender que los callejones son eso y no pasarelas para intrusos exhibicionistas  o incluso para quienes no lo son, pero por su condición de niñez, feminidad, vejez y hasta  capacidades diferentes, deben de estar vetados para estar ahí, por el bien de ellos, de los toreros y de los profesionales ¿O qué acaso no se comprende que el callejón forma parte vital de la plaza? y que si se obstruye es en perjuicio de seres humanos y, si se cree que esto es un cuento, recordemos como  han caído heridos y muertos personajes tan duchos como el mozo de espadas de Enrique Ponce, Franklin Gutiérrez a quien un toro le metió sendas cornadas en Tudela, España (2000) y qué decir del monosabio Rafael Domínguez ‘Gamuza’, al que un novillo en la Plaza México (1978) le arrimó un cornadón a consecuencia del que perdió la vida ¡Pero no entendemos!

Una turba de intrusos, que les da por andarse pavoneando en los callejones de las plazas, ponen en peligro la vida de muchos seres humanos.
Una turba de intrusos, que les da por andarse pavoneando en los callejones de las plazas, ponen en peligro la vida de muchos seres humanos.

Y no puedo cerrar la pluma del cloroformo sin cuestionar a los Protectores de Animales, a los antitaurinos  que atacan a la fiesta, ¿Si estos  Toros bravos, fieros, pujantes, temidos como el que en menos de un parpadear a Don Salvador le destruyó  los intestinos, el estómago,  el hígado, el colon, el pulmón, la pleura, el pericarpio (bolsa que envuelve al corazón), las costillas, el esternón, cercenándolo con el pitón mortuorio media humanidad?, ¿son a los que quieren proteger?, ¿son a  los  que quieren tener como mascotas y mimar en sus casas?, ¿son a los que quieren sacarlos a pasear al parque junto con sus pequeñines?, ¿son los que quieren usar como lazarillos para auxiliarse en su miopía? ¡Cuánta Ignorancia! al no querer ver que los Toros nacieron para, en la plaza, pelear, morir o matar.

¡Olé! Don Salvador, se fue usted en los vuelos de la pasión de su vida ¡Olé!

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