El Bardo de la Taurina

Rodolfo Bello...Un regalo para quienes gustan de admirar la monta a la alta escuela.
Rodolfo Bello...Un regalo para quienes gustan de admirar la monta a la alta escuela.

El Bardo de la Taurina

EL REJONEADOR Y LOS FORCADOS

La Fiesta Brava no se podría entender sin la comunión del torero, el toro y el caballo, y alguien me diría que el orden está en desorden, y así pudiera parecer y estoy consciente, con la salvedad de que mi menda nunca ha sido testigo de que un toro toreé a otro toro ¿o sí? (Por eso, primero el torero) pero lo primordial es que para que el crisol del arte funda en sus entrañas los hechizos de la magia hasta convertirlos en cultura, se requiere de tres entes que en sí son los eslabones del trébol del embrujo que conforman el arte, el valor y la bravura.

Legendarias virtudes de los predestinados que, sin embargo o paradójicamente en una fiesta con tintes de clasicismo, algo muy clásico dentro de ella es la frescura, es decir, la nueva sangre la renovación del espíritu y la raza pues en todas las manifestaciones del toreo el ayer es historia y en el presente se vislumbra el futuro y es por ello que hoy que amanece el año, le demos buenaventura a dos vertientes de la Fiesta Brava: El Rejoneo y Los Forcados y que mejor que dando referencial de las promesas más firmes del pebetero de la juventud que en este 2012 la representan el rejoneador Rodolfo Bello y Los Forcados Hidalguenses. Así que partamos plaza y por colleras vamos a ellos.

RODOLFO BELLO

‘Conquistando México’, más que un slogan, es el himno bajo cuya inspiración un joven caballero va cabalgando a lo largo y a lo ancho de la geografía taurina en busca de una conquista. Se llama Rodolfo Bello y lo bello en este aventurero es la visión que posee del Arte de Marialba que en sí es la congregación del rejoneo llevado a su máxima expresión artística, lo que implica acumular virtudes tras virtudes, hasta conformar un rejoneador que tarde tras tarde, galope tras galope, rejón tras rejón, demuestra que México ya tiene una promesa firme dentro de este filón del toreo a caballo, hoy tan en boga en los alberos del mundo. Por ello es que sin temor abrimos una invitación a disfrutar del toreo a caballo que Rodolfo Bello trae este nuevo año como regalo para quienes gustan de admirar la monta a la alta escuela, realizada sobre corceles que por sí mismos son un espectáculo y que permiten el lucimiento de un rejoneador diferente y sin embargo respetuoso del clasicismo que funde dos tradiciones  ue ya casi alcanzan en territorio azteca los quinientos años y que son la del toro y el caballo y nada mas para subrayar de qué tamaño es este joven personaje, apoderado por el sagaz Román Martínez, éste nos confía la idea de doctorarlo en la lusitana Plaza de Campo Pequeño que es la catedral  del rejoneo mundial, distinción que hasta donde se sabe sólo dos mexicanos en la historia han alcanzado.

FORCADOS HIDALGUENSES

Los Forcados Hidalguenses destacan luminariamente.
Los Forcados Hidalguenses destacan luminariamente.

Forcados de Guerra, personajes del Portugal ancestral que a costa de su vida defendían la del rey, y que al paso de los siglos, esa misión se fue convirtiendo en una de las artes de la convergencia cultural de la Fiesta Brava y que en México ha cobrado atractivo, en el que destacan luminariamente los Forcados Hidalguenses, encabezados por el caudillo del valor ‘El Cabo’ Eduardo del Villar Zamacona, quien en función de liderazgo y ejemplo guía a los valerosos hidalguenses hasta imbuirles maestría y arrojo, que aunado a su juventud, han hecho que estos ‘Toreros de la pega’ se conviertan en un imán de taquilla y por eso ya se espera que en breve inscriban su nombre en el libro de la historia taurina como la cofradía más joven que se haya presentado en la plaza más grande del mundo. Por lo pronto el indomable Eduardo del Villar anuncia que este enero estarán celebrando en pleno ruedo, un aniversario más de su meteórica y refulgente carrera. Su nombre, según lo manda la tradición, aparece en los carteles a la vera de un rejoneador más. A estos chavales espartanos usted los puede identificar por ser los de los damascos (casacas) dorados, bordados en oro como corresponde a su ya bien ganada jerarquía y nada más por si hiciera falta, valorar el desafió de estos hombres ¿se imagina usted lo que es recibir a cuerpo limpio y lanzarse al testuz a un toro con media tonelada a una velocidad endemoniada? ‘Que Dios bendiga al Forcado, que es la esencia de un vencedor’.

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