El Bardo de la Taurina

El maestro de la cámara Ángel Bernal captó para la historia del mundo taurino el momento espeluznante de la cornada.
El maestro de la cámara Ángel Bernal captó para la historia del mundo taurino el momento espeluznante de la cornada.

JUAN LUIS SILIS…  ¡MUERTE Y VIDA!

Esta tarde noche dejará presencia el torero que regresó del más allá, Juan Luis Silis, al que nadie le podrá contar lo que es vivir o más propiamente morir y emerger de ese mundo de sombras y nubarrones donde la incertidumbre, el miedo, el dolor, la angustia, la desgracia son dagas que perforan el alma de un ser mortal que divaga entre el estar presente en el presente o estar ausente en el ausentismo de la muerte, a la que no se puede lidiar si no se es muy hombre y si no se cuenta con una cuadrilla de lujo de esas que visten de blanco que en sí, es símbolo de quienes han elegido la profesión de la milagrería médica y que ahora saben que cuando la vida anda de canija queriendo escaparse, se requiere de una muleta cojonuda en el carácter, la entereza, el orgullo para vencer a la muerte aunque en la refriega casi se vaya la vida misma.

Y es que así fue la gesta de vida que el torero de Iztacalco se adjudicó pa’ bien de él y de la profesión de lidiar toros, por ello hoy jueves 21 de noviembre ha llegado el momento en que Juan Luis Silis, vuelva a dar la cara al público al que se debe, lo que ocurrirá a partir de la 7.00 p.m. en la Asociación Nacional de Matadores dentro del marco de ‘Las Tertulias de la Taurina’ que en la casa de los toreros se vienen dando bajo un principio normativo que lo es el de la verdad, esa que a brazo partido lucha contra los pecados capitales de la Fiesta Brava, pecados que van de la coba putrefacta, al desvirtualismo nefasto, llegando hasta el ocultismo aberrante de los aconteceres más en esas tertulias donde lo único que pasa por la censura es la censura misma, será donde ,los aficionados, el público y la gente en general conozcan en carne y hueso a un hombre que es torero de las zapatillas a la montera, pero que además forma parte de un gremio en donde la gratitud, la decencia, la ética y la honradez permea al grado que la torería nacional se descubrirá ante los médicos que le salvaron la vida a uno de sus hijos y en un acto de honrosa sobriedad y justicia, reconocerá a cada uno de los maestros galenos, los cuales siempre tendrán un lugar dentro de la historia de la tauromaquia tricolor que es una antes y después de la cornada de Juan Luis Silis, el torero al que le volvió la luz para darle luz al sendero del continuismo de la corriente mexicana del toreo.

Mas hay que ser amplios y justos en todos los devenires de la vida y la muerte y por ello desde este escaparate vaya un reconocimiento pleno de admiración primero pa’ el torero que ha brindado un ejemplo de lo que debe de ser eso, un torero, para on Juan, el padre quien en la adversidad jamás se pandeó, como tampoco la familia del patriarca, pa’ los apoderados que cerraron filas en torno a su matador, pa’ los médicos de plaza, para los galenos del ISSSTE de Pachuca, para los del Hospital 20 de Noviembre y del Sanatorio Durango, para los paramédicos, enfermeras, ambulantitas y, desde luego, para el jefe de los Servicios Médicos de la institución de los toreros, el Dr. Jorge Uribe Camacho. Pa’ el líder de la torería matador Antonio Urrutia Bolaños, quien estuvo de noche y de día al pendiente de su agremiado, al maestro de la cámara Ángel Bernal quien captó para la historia del mundo taurino el momento espeluznante de la cornada, al periódico ‘LA PRENSA’ que le dio difusión primera al testimonio fotográfico en su portada e interiores, a los portales electrónicos que se sumaron a este trabajo informativo, al programa ‘Toros y Toreros’ que brindó pantalla y vamos con la del estribo subrayando que aunque suene extraño, la fiesta con estos pasajes se reafirma, pues no olvidemos que ‘El Torero es liturgia de sangre y pasión, que en el drama de la muerte y el estallido del arte encuentra el destino del hombre de luces que es la puerta estrecha del catafalco o la Puerta Grande del triunfo’

‘Torero, ¡quién sabe! Si el precio del triunfo, lo pague tu vida y tu sangre’.

El momento critico.
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