El Bardo de la Taurina

LA PARCA BRAVA

Hoy recuerdo al hombre aquel que en la flor de su juventud de alamares palmados y seda opaca partió plaza en el viejo Toreo de la Condesa, dicen que se vistió de ‘luces’ en las entrañas del Café Tupinamba, en escondido ardid con el que buscaba burlar el que la familia porfiriana se enterase de tal osadía, que decían era cosa de golfos que olían a vino, mujer y tabaco. Por ello guardó en la espuerta el pomadoso apellido y en los carteles sólo aparecía su nombre de legua, ese que le valió pa’ ser taurómaco toda la vida, la cual incluso de alguna manera ofrendó por respeto a quienes son parte de la fiesta, ya que un domingo, previo al festejo, el toro de la salud le dobló contrario privándolo de asistir a la corrida, la cual mientras esta transcurría ‘El Ojos Brujos’ se desangraba cual toro bravo que vende cara su muerte…

Le encontré en medio de un rio de escarlata mortuoria su mirada ya tenía luz de funeral con voz cortada le pregunté a la hija deschavetada ¿Por qué no llamaste al Dr. Hernán Cristerna (aquel que le salvó la vida a Lomelín cundo ‘Bermejo le sacó las tripas) lo iba hacer pero mi padre exclamó ¡No llames al doctor! porque está en los toros y ‘A los aficionados hay que respetarlos’. Al tomarlo en brazos sentí a la altura de su corazón en la bolsa de su cazadora un abultamiento, era su boleto, su pañuelo blanco de seda inmaculada, pa’ cuando llegue el triunfo decía y su estuche de puros, luego tropecé con su cachucha torera y su bota de vino que con él también se consumió esa tarde, como no, su memoria, que hoy en fecha en que se recuerda a los palmados me sigue recordando aquella frase que acuñó: ‘A la fiesta hay que respetarla’ por eso quienes la hacen tienen que respetar a los aficionados brindándoles toros con trapío y toreros con entrega porque si no es así, no vale la pena vivir la fiesta, que hoy en día no espera pa’ morir los días de difuntos, pues a pasos agigantados la están aniquilando no los de afuera sino los de adentro, no los aficionados, los irrespetuosos, no los empresarios, los lucradores, no los toreros, los usurpadores, no los ganaderos, los vende carnes, no los periodistas, los arribistas, no los cronistas los jilgueros, no los apoderados, los managers, no los taurinos, los capos…

Y ya que ando con los de negro catafalco me viene recordar a un torero que un toro de Valcerrajas mentado ‘Melino’ de número 69 le clavó la divisa de muerte y que volvió a vivir pa’ arrimarse a los muertos y es que esa es la historia de Genaro Hernández ‘El General’, a quien el burel de un guadañazo le partió el cerebro llevándose los sesos blanquizcos en el diamante renegrido por donde escurrían cual cera de cirio mortuorio, lo que ocurría mientras las beatas en el tendido a como podían se ceñían a las cuentas de sus rosarios y en alaridos terroríficos gritaban ¡No lo mates!, las asistencias a grito pelado pedían la ambulancia y los creyentes suplicaban por un diácono que le brindará los Santos Oleos al ‘General’, más este personaje que desde siempre ha sido un suertudo cayó en las milagrosas manos del doctor Xavier Campos Licastro quien al alimón con la ciencia médica y la brujería misteriosa le remendó la masa encefálica y le reparó el cráneo devolviéndole la vida pa’ que se dedicara el resto de ella a disecar las calaveras de las cabezas de toros famosos lo que hace con tal arte que está considerado el número uno en eso de la taxidermia, aquí en la tierra cuando debería hacerlo en el panteón.

Ante casos de muerte y vida tan propios de estas fechas en que la parca anda brava, me pregunto; ¿no valdría la pena tratar de salvar a la Fiesta Brava?, luchando por ella desde todos los frentes para que no se vuelvan a presentar sucesos tan lamentables como los que se sufrieron en la corrida inaugural de la temporada grande mexicana, donde ante un cartel sin figuras con un primer espada como Mauricio Moret, que anda despistado producto de no torear casi nada; un Alejandro Talavante, que lo mismo conecta que hace corto circuito y por ende no es un torero garantía y Arturo Saldívar, un paisano prometedor y aguerrido a lo que se sumó las láminas disparejonas de los ‘Barralveños’ lo que dio como resultado que veintitantos mil asientos se quedaran vacíos y para el domingo venidero cuando ya pasado el primer cartel que en realidad lo fue de teloneros, calentadores, botaneros, abridores, preliminaristas en donde como en toda preinaguración se guardó lo mero bueno como lo es la bravura y el arte, vendrá propiamente la Inaguración con ‘Zotoluco’, ‘Morante’ y Silveti con la comparsa de los de Julián Handam y sin ser ave de mal agüero… ¡Qué Pena!

Zotoluco en la inauguración.
Zotoluco en la inauguración.

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