Mi Personaje Inolvidable

CULTO A LA PERSONALIDAD

Por Jorge Bermejo García

Tengo 90 años, 75 de ejercicio periodístico, 85 de hacer deporte y cuatro meses encerrado en mi casa OYENDO SÓLO NOTICIAS TRISTES, o secuestros, o balaceras, o asaltos, mucho sobre el narcotráfico etc. Me harté de pensar en esto y decidí pedirle al Señor, sacara todo ello de mi cabeza, que me permitiera vivir feliz sólo con mis recuerdos gratos, a los ingratos, que, como todos, tuve muchos, también logré borrarlos. Pero sólo de mis recuerdos impactantes, que, tuvieron que ver con mi vida se me llenó lo que queda de mi cerebro, son vivencias de 75 años y pretendo darlos a conocer, al menos los principales a través de una columna que llamaré: MI PERSONAJE INOLVIDABLE.

Esto no es sino un culto a la personalidad de cada uno de ellos, la mayor parte son deportistas y muchos otros personajes ligados al deporte.

Las grandes hazañas deportivas no se engendran en el lecho de rosas de la comodidad, sino en el esfuerzo indescriptible duro y abnegado de una vida sencilla, sin esperanza de beneficio material. Muchas veces es un camino solitario que exige una elevada dosis de valentía, modestia, resignación y que obliga doblemente a la admiración. Esto es lo que pretendo, no escribir que fulano se convirtió en mi ídolo porque ganó una medalla, sino hablar de todo el trabajo que tuvo que hacer para lograr esa medalla que quizá llenó de orgullo no sólo a él, sino a todo México.

En una sociedad que vive según la ley del aumento de la producción y de las posibilidades de perfección en los conocimientos y en la que diariamente se establecen récords, no puede constituir el deporte una excepción. Las plusmarcas son la consecuencia lógica de toda actividad deportiva.

Mientras que, en el campo del desarrollo industrial, la competencia impone récord, en el deporte no constituye, en realidad, más que un subproducto de la lucha, muchas veces sólo un acuerdo fugaz; pero actúa, en cambio como medida, como estímulo y esperanza de las propias posibilidades. El verdadero objetivo es la victoria.

Tal vez estaríamos mejor sin cronómetros. Nadie sabría en tal caso lo rápida o lenta que había sido la carrera. Lo más importante sería entonces la lucha de hombre contra hombre. Los tiempos y los récords, no son nada más que el esqueleto del atletismo, no son su sangre; por esta razón no nos dice nada del estilo de un atleta, ni nos dan una idea de la alegría por el dominio supremo del movimiento, ni de las privaciones de un entrenamiento de años.

¿Por qué querrán en realidad los críticos de la época negarle precisamente al deporte lo que permite a todos los demás ámbitos de la vida? ¿Por qué negarle al deportista fijar los propios límites de su rendimiento? cuando en la actualidad se sustituye cada vez más el riesgo humano con mandos automáticos, debería haber, en realidad, cada vez más hombres que buscasen el riesgo del triunfo humano en la lucha deportiva. Su verdadero valor se sitúa muy lejos del estricto resultado deportivo: ¡en la formación de la personalidad ¡

El que no vea, sin embargo, en el deporte, sino lo externo de las victorias brillantes no distingue a aquellas fuerzas que se encuentran situadas en el misterioso psicofísico que es el aliento de nuestra personalidad y la fuente de nuestra dinámica vital,

Intentamos dar a conocer muchos detalles de algunos deportistas, porque el deporte ha hecho de vencedores y vencidos ídolos maravillosos para una juventud tan pobre por lo general en ideales, ejemplos fecundos de un nuevo México que se está desarrollando.

Es la pretensión de esta modesta columna hablar un poco más del culto a la personalidad que da el deporte. Y en esta vida, todos tenemos no uno, sino muchos personajes inolvidables.

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