Alejandro Ríos llegó a Tijuana

Alejandro Ríos dejó la gimnasia para convertirse en doble campeón en salto con garrocha en la ON.
Alejandro Ríos dejó la gimnasia para convertirse en doble campeón en salto con garrocha en la ON.

*El representante poblano inició en la gimnasia olímpica, pasó por el atletismo compitiendo en pruebas combinadas, pero fue en el salto con garrocha en donde inició su camino al podio

TIJUANA, Baja California.- En el 2009 Alejandro Ríos llegó a Tijuana con la mochila llena de ilusiones y retos, soñó ganar la medalla de oro en la Olimpiada Nacional de ese año y convertirse en un destacado gimnasta olímpico.

Sin imaginarse que el destino lo alejaría del deporte al que llegó por su excesiva afición a escalar arboles y lo pondría en el atletismo, cuatro años después regresó a la ciudad en donde todo comenzó para obtener la medalla de oro en la prueba de salto con garrocha, logro que para el originario de Aguascalientes tiene un significado especial.

“Estar aquí después de tantos años me ha enseñado que nunca hay que darse por vencido si sabes lo que quieres, hay mil maneras de llegar a Roma, la perseverancia y la disciplina te llevan al éxito”, afirma.

Su debut en la ON no tuvo el éxito que hubiera deseado, ya que se ubicó en el décimo sexto lugar en el all around; en el 2010 experimentó en pruebas combinadas obteniendo una plata en el hexatlón, pero fue un año después en donde por vez primera tomó la garrocha y los resultados anhelados comenzaron a llegar.

“Mi primera Olimpiada fue aquí, yo hacía gimnasia olímpica, pero me fue mal en el all around, en Guadalajara fui plata en pruebas combinadas, pero algo me hacía falta, no me sentía tan pleno, entonces probé en la garrocha para Mérida 2011, ahí saqué bronce, fue hasta el año pasado en Puebla que gané la medalla de oro, ahora vuelvo a competir aquí en Tijuana y volví a sacar oro”, detalla.

Fueron los cambios propios de la adolescencia los que le impidieron continuar en la gimnasia, por lo que ya en el atletismo optó por el salto con pértiga debido al control en el aire que le dio practicar por siete años gimnasia artística.

“La gimnasia me gustaba mucho, estaba en el CNAR, ahí me dijeron que había crecido mucho y que era complicado que siguiera en la gimnasia, me hicieron unas pruebas para atletismo, empecé en hexatlón y cómo tenía facilidades para controlar mi cuerpo en el aire me fui al salto con garrocha, se parecía mucho a la gimnasia y me pareció agradable seguir mi carrera deportiva ahí”.

Aunque fue difícil alejarse los aparatos y de la magnesia, asegura que el atletismo ahora es su pasión.

“Fue muy complicado dejar la gimnasia, la disfrutaba mucho, pero entendí que las cosas tienen un motivo, a veces nos obsesionamos con algo que nos gusta, pero no entendemos que tenemos mayores cualidades para otra cosa, he podido ver el deporte desde diferentes puntos de vista y me ha permitido madurar, entender, respetar y saber que todas las disciplinas representan un reto en la vida”, comenta.

Para el gimnasta que compite por el estado de Puebla no existen los límites si de alcanzar sus sueños se trata, así lo demostró en el 2010, cuando ingresó a la villa panamericana para conocer al saltador de pértiga que más admira, el cubano Lázaro Borges, con quien, a partir de ese momento, inició una amistad.

“Yo viví en Jalisco y coincidió que eran los Juegos Panamericanos, en ese año yo seguía muy de cerca a la selección cubana de salto con garrocha, se me ocurrió infiltrarme en la villa panamericana para pedirle un autógrafo a Lázaro Borges, pero cuando me lo dio me invitó a la pista a entrenar pensando que participaría en los juegos, me confundió con un atleta, nos montamos en el camión y fuimos al estadio panamericano, ahí me dio su correo y mantuvimos contacto”, dice Alejandro.

Esta aventura le permitió que el saltador olímpico lo invitará a practicar a Cuba meses después de su participación en Guadalajara, por lo que contento hizo sus maletas y se fue a vivir un año a la isla.

“Mantuve relaciones a distancia con él, después mi entrenador me recomendó en Cuba, ahí me aceptaron muy bien, primero me dijeron que me conseguirían una beca de la IAAF, pero no se dio, el estado de Puebla me apoyó con vuelos a Cuba, pero la mayoría del tiempo me mantuve con mis gastos, pero aprendí mucho de esa experiencia”, recuerda.

Finalmente, un detalle importante en la vida deportiva del joven fue recibir unos zapatos como obsequio del atleta cubano, mismos que utilizó en la final que disputó en esta edición.

“Estábamos entrenando y se rompieron mis spikes allá en Cuba, él se dio cuenta y cómo yo no tenía dinero para otros me los regaló autografiados, para mi simbolizó mucho porque era una muestra de amistad y de confianza que nos teníamos, eso me motivó mucho para seguir adelante, me dieron suerte y traían su vibra en esta final”, subraya Ríos.

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