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POQUITITITO AFUERA

Por Héctor Barrios Fernández

El lanzador de los Cachorros de Chicago Milt Pappas levantó sus brazos al estilo Rocky Balboa cuando el bateador emergente de los Padres de San Diego Garry Jestadt conectó un elevado exactamente sobre el segunda base Carmen Fanzone.

Cuando éste atrapó la pelota, Pappas saltó sobre los brazos del tercera base Ron Santo para celebrar su primer y único juego sin hit ni carrera.
Pero, ¿fue un momento emocionante?
Fue algo parecido a eso, ese 2 de septiembre de 1972, pudo ser descrito como una mezcla de emoción y frustración.
Esa tarde el derecho de 1.90 m. estaba buscando la victoria número 197 de su carrera y había retirado a los primeros 24 bateadores de San Diego sin regalar base por bolas, no había permitido hit o su equipo había cometido un error.
En esos momentos nadie en el dugout le hablaba a Milt, es más, ni siquiera volteaban a verlo.
Al notar esto, Pappas les dijo a sus compañeros: “!Hey! ¡Estoy lanzando un juego sin hit!”
Al escuchar lo anterior, todos en la caseta comenzaron a hablar y bromear como si no pasara nada.
Pappas, de carácter relajado, nada supersticioso, tenía una ventaja de 4-0 en el juego.
Los Cachorros anotaron cuatro carreras más en ese turno, representando las carreras del seguro, regresando Pappas al montículo con 8 carreras de ventaja, listo para completar el juego perfecto.
Johnny Jeter se presentó a batear para abrir la entrada, conectó una fuerte línea entre jardín izquierdo y central, parecía que iba a ser alcanzada por el jardinero central Bill North, pero North resbaló y cayó al suelo.
Billy Williams el jardinero izquierdo, apareció de la nada, se lanzó un clavado y de manera espectacular realizó una atrapada de escándalo frente al derribado North para salvar el juego perfecto.
Después de un momento de tensión, todos en el estadio exclamaron ¡Woooow! ¡Qué atrapadón, qué jugada tan increíble!
Entonces el público comenzó a cantar, “queremos un out” “queremos un out.”
Pappas obligó a Fred Kendall a roletear por terrenos del parador en corto en donde Don Kessinger realizó el out número 2 del 6 al 3.
Entonces se presentó a batear el emergente Larry Stahl, era el bateador número 27 para Milt Pappas, rápidamente lo puso en una bola y dos strikes.
¡Caray! ¡Qué momento más emocionante!
Aquí permítame ir lanzamiento por lanzamiento.
Mire: El siguiente envío Stahl lo dejó pasar, a solamente una micra o quizá media de distancia la pelota pasó por la parte exterior del plato y el umpire Bruce Froemming, apenas en su segundo año de servicio en las Ligas Mayores cantó bola dos.
Pappas de nuevo trató de solamente “pintar” la esquina del plato y Froemming de nuevo dijo: “bola.”
Con esto el umpire se ganó una larga mirada del lanzador al tiempo que lo apuntaba con su guante cuando el receptor Randy Hundley le regresaba la pelota.
La tensión estaba al máximo, tanto para los presentes en el estadio como para los que escuchaban el juego por radio o lo miraban en televisión.
Ahora con la cuenta de 3 bolas y dos strikes, se presentaba el lanzamiento más importante de la temporada.
Tres bolas, dos strikes, un juego perfecto a la vista, un sin hit en la línea.
Listo el lanzador, listo el bateador.
El lanzador toma la seña de su receptor, hace sus movimientos y lanza… el bateador hace que le tira y no le tira, “check swing” dicen en el béisbol.
Detiene su bat a tiempo, poquito antes de cruzar la línea imaginaria y Froemming dice… ¡Bola!
Milt Pappas está hecho una fiera y una furia.
Allá va el juego perfecto, se fue, se esfumó en el último instante.
El sin hit estaba aún en veremos.
Pappas dio unos cuantos pasos hacia el pentágono y le dijo algunas palabrotas no identificadas a Froemming.
Recuerdo haber visto una entrevista que le hicieron a Bruce Froemming al respecto y dijo: “Tenía un lanzamiento para marcar y no soy un aficionado, soy un umpire.”
Bruce Froemming se convirtió en un respetado umpire a lo largo de su carrera.
Stahl tomó la primera base por base por bolas y Milt recordó que aún tenía una hazaña qué cumplir, Ron Santo, el tercera base Cachorro se acercó, Milt era un carbón encendido en ese momento y el Santo le dijo: “recuerda que estás lanzando un juego sin hit.”
Pappas se tranquilizó un poco y obligó a Jestadt a elevar la pelota al segunda base, Fanzone atrapó y el Wrigley Field estalló en una celebración.
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