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SANDY KOUFAX

Por Héctor Barrios Fernández

En cuanto a lanzadores en la década de los 1960s, Warren Spahn ganó más de 20 juegos a los 42 años de edad en 1961, además lanzó un sin hit ni carrera a los 40 años el 28 de abril de 1961.
Don Drysdale impuso record de 58 2/3 innings sin permitir carrera, en 1968.
Denny McClain ganó 31 juegos en la temporada de 1968, nadie más lo ha hecho desde entonces.
Bob Gibson ponchó a 17 bateadores en la Serie Mundial de 1968 y Steve Carlton ponchó a 19 bateadores en un juego, en 1969 además, por esas cosas que tiene el béisbol, lo perdió.
En todos estos hechos sobresalientes en el pitcheo de los 1960s, no podía quedar sin levantar la mano Sandy Koufax.
Ya lo hemos citado en otros trabajos pero Sandy Koufax y en especial este juego dan para más.
Desde 1961 hasta 1966 en que se vio forzado a retirarse prematuramente a la edad de 30 años, como consecuencia de su codo izquierdo atacado por la artritis, Sandy Koufax masacró a los bateadores sin piedad, a tal grado que ellos insistían en que al enfrentarse a Koufax, deberían de permitírseles tomar cuatro strikes en lugar de tres para un ponche.
No dude que muchos lo plantearan en serio.

Al final de su carrera Sandy promediaba más de un ponche por inning.
En sus últimos cinco años sus totales de juegos ganados y perdidos fue de 111-34.
Sandy Koufax impuso tantos records que este espacio se queda chico para nombrarlos a todos.
En 1963, cuando Koufax tuvo record de 25-5, Yogi Berra señaló:
“Puedo ver cómo él ganó 25 juegos, lo que no puedo entender es cómo perdió cinco.”
El año de 1963 también vio a Sandy lanzar su segundo juego sin hit en dos temporadas, llegando a ser el primer lanzador ligamayorista en lograr cuatro sin hit ni carrera, con el tiempo Nolan Ryan lo superaría en eso y en mejorar el record de 382 ponches en una temporada, Ryan consiguió uno más.
En su primer sin hit, Koufax ponchó a tres bateadores con nueve lanzamientos en el primer inning.
Abanicó a trece en total en ese juego, pero dio cinco bases por bolas y se fue a la cuenta de 3-2 con ocho bateadores.
Sandy Koufax retiró a 22 bateadores en orden en su segundo sin hit, caminando solamente a uno, pero también registró solamente cuatro ponches. En su tercer no-hit, “Yo tenía tremenda fuerza,” él recuerda.
Solamente un bateador, (su única base por bolas), alcanzó la segunda base y Koufax se enfrentó solamente a 27 bateadores, ponchando a 12.
Sandy Koufax estaba 21-7 en ganados y perdidos cuando lanzó su juego perfecto el 9 de septiembre de 1965.
Pero había perdido los cinco previos y no tenía idea que llevaría a sus Dodgers, a una cerrada carrera junto con los Rojos de Cincinnati de medio juego atrás de los Gigantes de San Francisco, además los Dodgers habían estado bateando pobremente cuando él lanzaba, algo así como por un tiempo le sucedió a Fernando Valenzuela.
La alineación de los Cachorros de Chicago incluía a tremendos bateadores como Billy Williams, con 34 cuadrangulares y 108 carreras producidas ese año, Ron Santo, 33 home runs y 101 producciones y Ernie Banks, con 28 cuadrangulares y 108 carreras enviadas a home.
Durante los primeros innings de ese juego, Koufax echó mano de su curva, la mejor de toda la temporada, la lanzó en ese juego, después usó el lanzamiento rápido y éste venía verdaderamente rápido, tan efectivo como el mejor en ese año.
Casi olvidaba el gran desempeño que tuvo el lanzador de los Cachorros Bob Hendley, quien no permitió carrera sino hasta el quinto inning y ésta vino en un descuido defensivo por parte de los Cachorros.
Todo se inició con una base por bolas para Lou Johnson, un sacrificio de Ron Fairly, un exitoso robo de tercera y en mal tiro del cátcher hizo que se anotara la carrera.
Jim Lefebvre es ponchado tirándole y Wes Parker muere del 1 al 3 para el tercer out. Carrera sucia pero cuenta.

Lou Johnson conecta doblete en el séptimo inning pero este batazo para nada altera el marcador final de 1-0.
Este se convirtió en el único juego en la historia de las Grandes Ligas de un solo hit.
La carrera de ventaja que lograron anotar los Dodgers, no le permitió a Koufax descansar.
Su juego perfecto se vio en peligro en tres ocasiones.
En el mismo primer inning, un sólido batazo de Glenn Beckert, apenas se fue de foul por el jardín izquierdo, en el segundo, Willie Davis atrapó una dura línea conectada por Byron “Pidge” Browne que parecía de extra-bases.
En el séptimo, con dos outs, Koufax lanzó tres bolas seguidas a Billy Williams, luego dos strikes y finalmente lo obligó a elevar para el out.
Si Williams se hubiera puesto en base, Ron Santo era el siguiente bateador.
Pero con su humeante bola rápida funcionando, como dijera Yogi Berra, “a más del cien por ciento,” Koufax dominó al primero del octavo, precisamente a Ron Santo, después ponchó a Ernie Banks y a Browne.
En el noveno ponchó a Chris Krug y Joe Amalfitano y después se enfrentó a Harvey Kuenn, un bateador de .303 de por vida y quien solamente se había ponchado 15 veces en 1965.
Enfrentándose a Kuenn, poder contra poder, Sandy lo ponchó, después de tenerlo en cuanta de 2 y 2, finalizando el juego con seis ponches en forma consecutiva. Koufax abanicó a siete de los últimos nueve bateadores que enfrentó, para un total de 14 ponches, una muestra de lo duro que estuvo ese día.
Sandy Koufax solamente tuvo una dolorosa temporada más, él impuso un nuevo record para lanzadores zurdos en la Liga Nacional con 27 ganados en 1966 y de nuevo llevó a los Dodgers a la Serie Mundial, antes de que la artritis lo forzara a un prematuro retiro.
Actuaciones como su juego perfecto lo llevaron a ser electo al Salón de la Fama del Béisbol en Coorperstown, New York.
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