Al Bat

Aurelio Rodríguez

* Roy Halladay, con Toronto, tuvo 22-7 en el 2003 y 20-11 el 2008. Ahora en la Nacional con los Filis lleva 20-10 ¿Cy Young en ambos circuitos? (Lo obtuvo en el 2003 en la LA).

Por Jesús Alberto Rubio

La última vez que saludé a Aurelio Rodríguez Ituarte fue el 18 de marzo del año 2000 en el estadio “Héctor Espino”.

Ocurrió cuando uno de los juegos de pretemporada de los D-Backs (contra Anaheim), donde el inolvidable tercera base  trabajaba en funciones de coach con el equipo de Arizona.

Nuestro agradable saludo fue estrechando nuestras manos entre la red del backstop del estadio e intercambiamos un grato diálogo de amigos.

Ese año y en este béisbol de invierno, Aurelio iba a trabajar por vez primera como coach de bateo de los Naranjeros de Hermosillo luego de una notable trayectoria con los Cañeros de Los Mochis tanto como jugador y mánager.

Ya no lo volví a saludar.

Meses después, el 23 de septiembre de aquel año, Aurelio moría atropellado en una calle citadina de la ciudad de Detroit.

Tenía 52 años de vida (nació el 28 de diciembre de 1947 en Cananea, Sonora), cuando lo sorprendió el destino. Y de qué manera.

Salía de un juego de beisbol, al que había ido con unos amigos. Afuera del estadio se acercaron los fanáticos para pedirle  autógrafos.

Sin embargo, por la misma avenida, una dama sufrió un infarto cuando conducía su automóvil, perdió el control, se subió con el carro a la acera y fue a atropellar al grupo donde se encontraba Aurelio firmando pelotas y guantes; luego el auto se estrelló con un poste del alumbrado público.

Todavía herido, camino al hospital, Aurelio falleció, algo en verdad inesperado, increíble e inaceptable en torno a otro de los grandes caballeros del beisbol.

Clase, fildeo y brazo

Cuando se trata de calificar al mejor tercera base en la historia del beisbol mexicano, Aurelio Rodríguez surge como el mejor de todos los tiempos, aún sobre grandes como Felipe Montúfar, Molinero Montes de Oca, Leo Rodríguez, Celerino Sánchez, Nelson Barrera y Vinicio Castilla.

Claro, las estadísticas ofensivas de Castilla, son superiores, aunque en fildeo y brazo, Aurelio fue mejor.

La defensiva de Aurelio, fue formidable No se olvida la forma en que con gran habilidad su terreno de juego y con valentía detenía todo lo que iba por la antesala, confirmando su calidad con los tiros rápidos y certeros que hacía la inicial y cualquier base.

Su constancia de grandeza, elegancia y personalidad; magnífico fildeo, potente brazo y al bat siempre un peligro y con poder, ubicó a Aurelio entre los mejores de su época en el beisbol de México, EU y el Caribe.

Debutó a los 17 años

Al igual que Francisco “Chico” Rodríguez, Aurelio fue orgullo de su padre Aurelio  “Güerito” Rodríguez Valenzuela, un magnífico jugador de la Liga de Sonora, quien vio con admiración cómo su vástago debutaba en la pelota profesional a sus 17 años en la Liga Central.

De allí pasaría a los Charros de Jalisco para llamar la atención de Martin Wilkes, scout de talentos de los Angels, ingresando a su franquicia a los 19 años en 1967.

Cuando en 1970 pasó a los Senadores de Washington, sorprendería con 19 cuadrangulares, 83 impulsadas y su liderazgo en asistencias en la esquina caliente. Ese año bateó para 249.

Sin embargo, con todo y esos números, para su suerte fue enviado a los Tigres de Detroit con quien jugaría desde 1971 hasta 1979 teniendo ahí sus mejores años de la Gran Carpa.

Ya instalado como todo un estelar, con su impecable fildeo, en 1976, le cortó la racha a Brooks Robinson de estar ganando los Guantes de oro de la Liga Americana. También lideró el porcentaje de fildeo como tercera base en 1976 y 1978.

En la Serie Mundial de 1981

Más tarde lo gozamos a morir (igual que a Fernando Valenzuela), en la serie Mundial de 1981 en la que bateó para los Yankees  .417 (de 12-5). ¿Quién le iba a quien… recuerdan?

Imposible olvidar aquella coronación de los Dodgers tras perder los primeros dos partidos en NY, con un Aurelio brillando en la esquina caliente durante cuatro partidos luego de sustituir a Craig Nettles, quien se había lesionado un dedo en el segundo juego celebrado en Nueva York, impidiéndole volver a jugar en esa serie.

Usted recordará que en el tercer partido, teniendo como escenario al Dodger Stadium, se dio un momento histórico para el béisbol mexicano: Por primera vez se enfrentaban en un mismo Clásico dos paisanos: Aurelio y Fernando “El Toro” Valenzuela.

El “Toro” ganó dramáticamente 5-4 a pesar de recibir jonrones de Bob Watson y Rick Cerone, en tanto Aurelio le conectaba par de hits.

En el cuarto juego volvió a conectar de 4-2; en el siguiente, de 3-0, y en el sexto y último partido, de 1-1.

Más tarde, en el invierno de enfrente, un 18 de noviembre, los Yankees lo enviaron a Medias Blancas y George Steinbrenner le dedicó buenas frases: “Hizo todo lo que se le pidió y lo hizo muy bien. Lamento dejar ir a un jugador tan caballeroso. Buena suerte”.

Su carrera en la Gran Carpa, en siete equipos terminó en 1983, acumulando .237 con 124 home runs, 1,570 hits, 287 dobles, 46 triples y 648 carreras producidas en 2017 juegos.

Su estadía en ese béisbol se prolongó 17 años ya que después de jugar con California (1967-70), vistió las franelas de los Senadores de Washington (1970), Tigres de Detroit (1971-79), Padres de San Diego (1980), Yankees (1980-81), Medias Blancas de Chicago (1982, 1983) y Baltimore (1983).

En la LMP vio acción 18 años con los Cañeros de Los Mochis y Yaquis de Cd. Obregón; pegó 208 dobletes, 11 triples, 129 jonrones y concluyó con un global .273.

Celerino, Aurelio y Kalimán.
Celerino, Aurelio y Kalimán.

Representó a México en dos Series del Caribe: en 1978 en Mazatlán, con los Tomateros, y en 1984 con Los Mochis en San Juan, Puerto Rico, donde dejó constancia de su calidad siendo elegido para El Equipo Ideal por su estupenda actuación en la antesala.

En la LMB estuvo con los Charros de Jalisco, Tigres de México, Sultanes de Monterrey y Saraperos de Saltillo. Fueron sólo seis temporadas y promedió .309 de porcentaje.

Como mánager llevó al banderín en 1991 a los Sultanes de Monterrey en serie final contra los Diablos Rojos.

También fue coach en las Ligas Menores con Cleveland y Arizona. Volvió a la Liga Mexicana como manager en 1995.

Por su grandeza en los diamantes y fuera de ellos fue reconocido en múltiples ocasiones, hasta llegar a la galería de los inmortales en el Salón de la Fama del Beisbol Profesional Mexicano. (Fue electo en 1995).

En realidad, cuánto hay que contar del gran Aurelio Rodríguez.

Este 23 de septiembre, recordémosle con admiración y aprecio por su legado como pelotero y amigo.

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