Al Bat

Bob Gibson.
Bob Gibson.

Su majestad el pitcheo

Por Jesús Alberto Rubio

beisrubio@gmail.com

Lo que hoy estamos viendo con el pitcheo en las Ligas Mayores, necesariamente me traslada a los años finales de la década de los 60´s.

Este año se han visto dos juegos perfectos, más uno que quedó trunco (Armando Galarraga) por la inusitada decisión del ampayer Jim Joyce; así como cinco partidos sin hits ni carrera.

El más reciente no hit no carrera, el pasado lunes, fue de  Matt Garza (5-0 a Detroit) y el cual significó el primero en la historia de los Rays de Tampa Bay.

Matt Garza.
Matt Garza.

Fue en 1991 la última vez que se completaron cinco juegos sin hits, pero la temporada aún no termina, de modo que…

Bueno, incluso van 14 veces que un lanzador ha tenido un juego sin hits hasta el octavo inning este año, la mayor cantidad al 26 de julio desde por lo menos 1974. En contraste, el año pasado la cifra fue de apenas seis veces.

Y otro factor clave: cada vez más vemos velocidades arriba de las 96-98 y algunos rebasando las cien millas por hora.

Fines de los años 60´s

Vámonos al glorioso antaño de fines de los años 60´s, época en que el dominio del pitcheo era impactante:

Por ello, tratándose de ayudar un poco a los bateadores, en 1969 se bajó la altura de la loma de 15 a 10 pulgadas y se acortó la zona de strike.

Había razones de fondo de por medio: dos ejemplos, se llamaban Bob Gibson, Dennis McLain, Jim Palmer, Luis Tiant, Juan Marichal, Miguel Cuéllar, Don  Drysdale…

Y es que, mire: fue en 1968 cuando apareció en la historia del beisbol de la Gran Carpa el porcentaje más bajo para un campeón de bateo: Carl Yastrzemski, de Medias Rojas, fue el mejor con tan sólo .301.

En la Liga Americana, Luis Tiant, con Indios de Cleveland, apantalló con 1.60 de efectividad, cifra que no se veía en muchos años, logrando también 9 blanqueadas y 21-9 en ganados y perdidos.

Don Drysdale, con Dodgers, alcanzó 58 inings y 2/3 sin admitir carreras, récord que rompería Orel Hershiser, del mismo equipo, cuando en 1988 logró extender el récord a 59 episodios sin permitir anotación.

Hershiser ganó el Cy Young por su 23-8, 8 blanqueadas, 15, juegos completos y 2.26 de efectividad).

Gibson & McClain

Bob Gibson.
Bob Gibson.

Veamos a dos notables ejemplos del pitcheo de aquellos inolvidables años:

Después de ganarle a Jim Lonborg (Boston/”El Sueño Imposible”) el séptimo juego de la Serie Mundial de 1967, la siguiente campaña representó para Bob Gibson, de los Cardenales de San Luis, algo todavía formidable: tuvo un fenomenal 1.12 de efectividad, cifra reconocida como la moderna marca ligamayorista.

Gibson lanzó  304.2 innings en la temporada, mientras que Butch Leonard, en 1914 con Boston, logró 1.01 pero en 222.2 episodios.

Gibson tuvo 22-9 en ganados y perdidos, pero en cinco de esas derrotas, cayó en duelazos de 1-0. Logró 13 blanqueadas, lo mejor desde 1916, y su mejor año en abanicados, con 268. Así, fácil ganó el Cy Young y el trofeo de JMV de la Liga Nacional.

Luego, en la Serie Mundial ante los Tigres de Detroit, en el primer juego ganó 4-0 e impuso récord de ponches con 17, superando los 15 que Sandy Koufax tuvo cinco años antes. Además conquistó su séptima blanqueada en Series de Octubre.

En el cuarto partido del Clásico ganó 10-1 y abanicó a diez, por lo que todo indicaba que iba a ser el gran héroe de los Cardenales.

Sin embargo, en el séptimo, se escribiría otra historia para este grandioso velocista derecho a pesar de abanicar a 8 más con lo que implantó  récord en especialidad en Series Mundiales, con un total de 35:

Perdió 4-1 el decisivo ante Mickey Lolich, que lanzaba con tan sólo dos días de descanso y quien en el Clásico apantalló con tres triunfos y logró 1.67 en carreras limpias, una nueva marca para la Serie.

Fue un duelazo. Iban 0-0 en los primeros seis capítulos y todo se  decidió en la séptima cuando Curt Flood perdió una línea de Jim Northrup sobre el jardín central, convirtiéndose en triple productor de dos carreras para marcar la diferencia.

Algo increíble. Flood tenía en su poder los Guantes de Oro de 1963 a 1968. Y cometió el error en el momento menos indicado.

En ese inning, Gibson sacó pronto dos outs, pero Norm Cash y Willie Horton le pegaron sencillos. Entonces Northrup conectó una línea que Flood perdió de vista. Corrió hacia adelante, se detuvo y luego se regresó ya inútilmente, mientras dos bengaleces volaban hacia jom y otro llegaba quieto a tercera. Fue suficiente.

En 1970 Gibson ganó su segundo Cy Young, por su 23-7., 274 ponches y 3.12 de efectividad.

En su enorme trayectoria, cinco veces ganó 20 o más juegos; y tuvo dos campañas de 19 triunfos y otra de 18. Fue además un tremendo atleta: logró nueve guantes de oro en forma consecutiva y pegó 25 jonrones.

Definitivamente, pudo haber ganado fácilmente las 300 victorias pero llegó a Cardenales en 1959 a la edad de 24 años, cuando no era tan fácil que un pelotero negro se colocara en Ligas Mayores.

Dennis McClain

Dennis McClain.
Dennis McClain.

En realidad en ese 1968 toda la fanaticada esperaba que Denny McClain fuera la estrella de la jornada otoñal luego de sus 31 victorias de campaña que le dieron los trofeos Cy Young y Jugador Más Valioso.

Sin embargo, el “héroe “desconocido”, finalmente lo fue Mickey Lolich ganando tres juegos y en especial el séptimo de la coronación… ante Gibson.

Y es que Denny llegó a la Serie Mundial con un impresionante 31-6, lo mejor en triunfos que se había visto desde Dizzy Dean, en 1934, además de lanzar para 1.90 de efectividad.

El Año del Pitcheo

Hoy, después de la Era Esteroides”, el pitcheo luce más que dominante y hasta hoy los héroes han sido:

Juegos perfectos: Dallas Braden, de los Atléticos, contra Tampa Bay el 9 de mayo, y Roy Halladay (Filis), 20 días después en Florida. (Esto no se veía en una temporada desde 1880).

Y los si hit ni carrera: Edwin Jackson (Arizona) y Ubaldo Jiménez (Colorado).

¿Razones?

Controles para detectar esteroides y anfetaminas; mayor énfasis en la defensa; el uso más frecuente de la recta cortante; los avances de la medicina que han permitido la recuperación de lesiones; mejor entrenamiento y un nivel de competencia más fuertes desde niños hasta la universidad.

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