Un amor perdido

La vida pasa, la gente y el beisbol ya no es igual y yo lo voy notando, lo noto en las escaleras de ese estadio gastado por el tiempo y abarrotado de mis recuerdos.
La vida pasa, la gente y el beisbol ya no es igual y yo lo voy notando, lo noto en las escaleras de ese estadio gastado por el tiempo y abarrotado de mis recuerdos.

* Mi vida ya no gira alrededor del beisbol, mi Santiago moribundo no es motivo para hacerme perder el sueño, ellos andan cayendo y yo por otro lado trato de mantenerme en esta cuerda que se llama vida y que a veces se me hace tan estrecha pero siempre lucho para mantener el equilibrio

Por Darien Felipe

Cuando vemos como un año va terminando nos llenamos de esa nostalgia de haber vivido 365 días en los que reímos, lloramos, dimos un beso, un abrazo y sin quererlo le hicimos daño a alguien y aún esperamos su perdón. En estos días en el que el calor ha tomado vacaciones en mi isla, en que el sol no calienta lo suficiente para hacernos sudar, en el que la gente se comienza a felicitar, en estos días en los que me siento enamorado, siento que algo me va faltando.

Y es que esa adicción al beisbol se me va pasando y ya no soy ese eterno animador de las peñas del barrio en las que se hablaba de beisbol, no me apresuro para tomar nota de los resultados del día, ni de recortar esas fotos oscuras y grises de mis peloteros que salen en mis diminutos periódicos cada vez más cargados de política y de buenas intenciones.

Mi vida ya no gira alrededor del beisbol, mi Santiago moribundo no es motivo para hacerme perder el sueño, ellos andan cayendo y yo por otro lado trato de mantenerme en esta cuerda que se llama vida y que a veces se me hace tan estrecha pero siempre lucho para mantener el equilibrio.

La vida pasa, la gente y el beisbol ya no es igual y yo lo voy notando, lo noto en las escaleras de ese estadio gastado por el tiempo y abarrotado de mis recuerdos y que sobre su terreno ahora mismo cada tarde salen a cautivarnos o al menos a tratar de hacerlo con un beisbol que no me atrae y que va perdiendo seguidores por días en una isla donde el beisbol es sagrado, como mismo lo fue aquella música venerada por todos y que hoy  sólo queda en la memoria de los abuelos de mi país, este país tan de todos que a veces queda sin dueños.

Puede que la culpa sea mía, que haya dejado escapar esa magia que un día me cautivó y de la que hoy no queda nada, por ahí anda mi guante, mi bate y mi pelota, ya no me son imprescindibles desde que aprendí que en la vida hay muy pocas cosas que lo son y que este beisbol isleño no va mereciendo estar en mi lista de lo infaltable.

A lo mejor este domingo en la tarde cuando me llegue nuevamente al estadio, esta vez a presenciar el retiro de Pedro Luis Lazo, sienta alguna atracción especial y encuentre algún motivo que me haga mirar atrás y ver que este beisbol merece otra oportunidad en mi vida, aun cuando tanta veces me hayan virado de aquellas áreas especiales en la que se buscaba talento y nunca encontré un hueco.

No es una represalia, si al final de cuentas en esta caprichosa vida, nunca sabemos con la que ganamos y con la que perdemos. Me pasó una vez ya y volví, no sé si es que necesitamos de un segundo aire y volver a zambullirnos y así recomenzar nuevamente, porque empezar nunca está de más.

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