El deporte de las inteligencias

Carlos Valencia, de los Diablos Rojos del Mexico, en acción.
Carlos Valencia, de los Diablos Rojos del Mexico, en acción.

* Hablando de fracturas y lesiones

Por Alejandro León Cázares

El inicio de la nota hasta parece de canción, pero no se trata de algo más serio, ya que en el beisbol de la Liga Mexicana perder a estas alturas de la temporada un jugador tan especial como es Carlos Valencia y precisamente por una fractura de tibia, pondría a cualquier otro equipo en serio predicamento. Pero los Diablos Rojos del México, están respaldados por la experiencia de ese gran conocedor y directivo del beisbol profesional mexicano que es Roberto Mansur.

Valencia dueño de una tremenda ofensiva que resulta tan eficaz como su valiosa defensiva alrededor de la segunda colchoneta, es ya un favorito  de la fanaticada escarlata a pesar de que no es producto de las filas rojas, ya que el nativo de Ciudad Obregón, Sonora. Inició su carrera con  Tecolotes de Nuevo Laredo y Potros de Tijuana. El Chaparrito de la eterna sonrisa es sin lugar a dudas un estrella más de los colorados.

Decíamos que en cualquier equipo sería una verdadera tragedia perder a una pieza tan importante sobre todo cuando ya se tiene asegurada la participación en la postemporada. Pero ahí están Oscar Robles que puede cubrir la intermedia y también el sensacional Manuel Vélez, quien originalmente cubría la segunda colchoneta en la Selección Nacional de Beisbol, (No confundir con los ratones fracasados de siempre).

En lo personal conocí a Vélez en un tremendo juego contra Cuba, en la serie final del mencionado campeonato internacional. Con dos outs en la pizarra se presentó en la caja de bateo, Orestes Kindelan, cañonero y cuarto tolete de los invencibles cubanos. Había dos outs en la pizarra y corredores en segunda y tercera, la ventaja de México era mínima y con cualquier estacazo que conectara el isleño, darían la vuelta a la pizarra escapándosele a nuestra selección el triunfo.

Para no hacerles más larga la historia Kindelan echó los brazos atrás y esperó la pitcheada, conectó una línea de cañonazo que viajaba por el hueco entre primera y segunda, de pronto como salido de la nada apareció Vélez estirándose en el aire y atrapando la pelota, en una jugada que los mismos cubanos llaman de “Milagrería”, para llevarse el último out y darle el triunfo a México.

El gigante moreno Kindelan, se quitó el casco, arrojó las guanteletas y con gesto fiero se detuvo en el camino de la primera colchoneta, sin dejar de mirar a Vélez, para iniciar un soberbio aplauso, al que se unieron todas las manos que estaban en el parque Carta Clara de la hermosa Mérida.

Creo que ya ni el propio Vélez se acuerda de esa ocasión, pero los que somos viejos aficionados al deporte de las inteligencias, guardamos muy adentro esos recuerdos, ya que con solamente cerrar los ojos y recordar aquella gran jugada, la vuelvo a disfrutar y a paladear el privilegio que me permitió verla en vivo y a todo color.

De manera que los Diablos aun sin Carlitos Valencia, seguirán en la pelea, ahí están Robles y Vélez.

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