“EN LA CAJA DE BATEO”

Jesús Franco García y Rafael Reyes Nájera "Kid Alto". Foto: xhnoe.com
Jesús Franco García y Rafael Reyes Nájera "Kid Alto". Foto: xhnoe.com

Por CESÁREO SUÁREZ NARANJO

¡Bellísima historia, la de José Luis Ortiz! Para empezar, en esa foto, ‘la más viejita’, hay personajes inolvidables para el beisbol de tu tierra; principalmente recuerdo haber leído acerca del señor Rogelio Rodríguez, quien se unió a los planes de don Teodoro Mariscal y otros personajes que fueron importantes para que el beisbol viera la fundación de esa Liga de la Costa del Pacífico, en 1945/1946 (que aunque se decía que empezaría siendo semi-profesional; y las nóminas serían de sólo diez mil pesos; más luego llegaron los extranjeros, y se convirtió en profesional).

¡Cuánto tuvieron que hacer estas personas para que, después de haber tratado de establecerlo en Navojoa, Empalme y Los Mochis (entre otros) quedaron esos cuatro equipos pioneros: los Venados de Mazatlán, los Ostioneros de Guaymas, los Tacuarineros de Culiacán y los Queliteros (o Presidentes) de Hermosillo!

Y, pienso, que le ‘hemos dado al clavo’. Te diré: como estás enterado, he venido hablando del beisbol que se jugó en el Estado de Veracruz, desde mediados de la década de los cuarenta. Para

ser más exactos, cuando la Liga Metropolitana iniciaba su carta temporada en el invierno de 1944/ 1945, con el Juárez Loreto y Aztecas, e ingresaron los equipos de Poza Rica (que tenía menos de 10 años de haber pasado de ser una villa, a una congregación a una ciudad; pero ya estaba el auge petrolero) y de Xalapa. He abarcado – en esos artículos – toda la información que pude recabar de esas ligas; y parte de ellas te envié en su oportunidad – sobre todo en lo que concierne a mi terruño: Cosamaloapan.

La mayor parte de lo que plasmé en esos artículos proviene de mis recuerdos y de “La Guía Azul del Beisbol Mexicano”, que publicó el recordado Rafael Reyes Nájera (Kid Alto) en el verano de 1956, y que incluía hasta los encuentros que celebraron los equipos Hermosillo y el México, por el título del beisbol invernal, en 1955/1956.

He llegado a las temporadas de 1956/1957, 1957/1958 y 1958/1959 de las que logré muy poca información (sobre todo de la última, ya que no se afiliaron a tiempo en el beisbol organizado).

Afortunadamente, uno de los promotores del beisbol en Coatzacoalcos, el señor MARIO RUIZ RUIZ (el querido “Flaco”, que + EPD) me obsequió cierta cantidad de libros, principalmente

las Guías de The Sporting News que contenían todo lo que se llevaba a cabo en todas las ligas que pertenecían al beisbol organizado. Y como me quedaba ‘un poquito’ de espacio hablé,

precisamente, y aunque fuese en forma breve, de esa primera temporada de la liga de la Costa (artículo que aun no ha aparecido, pues estoy con la serie de artículos sobre la vida del Toro Valenzuela). Y aunque hay más que hablar de ello, lo dejamos para otra ocasión.

Porque, ahora, volviendo a esas otras fotos que anexas en tu artículo veo a peloteros conocidos, pero principalmente a Rubén Amaro, cuando estaba bien chamaco. A su papá lo conocí cuando jugó para la Furia Cañera, de Cosamaloapan. Y a Rubencito – de quien me había enterado que había ido a representar a México en unos Panamericanos – tuvo el gusto de verlo en persona cuando, en 1954 precisamente, reforzó a un equipo que, dizque, representaba a la Universidad de Veracruz. Este fue un torneo entre sólo tres equipos: la Universidad de Jalapa, la de Veracruz y (entre comillas) la Secundaria y Bachilleres de Cosamaloapan. Y en el partido que definía el título, Xalapa – con el que andaba Delio Bolaños, de Tlacotalpan e hijo de mi recordado ‘amigo’ (aunque el era ya grande y yo apenas un niño) don Avelino Bolaños – derrotó a Veracruz en un juego emocionante.

Ahí, desde las gradas, me tocó ver a Amarito llorar, por la impotencia de no haber podido hacer más por su equipo. Debo agregar que a mi hermano, FEDERICO, quien ya andaba por Álamo de Temapache y por Poza Rica, lo mandaron llamar para que formara parte del equipo de nuestra tierra natal.

Ahí, en una jugada desafortunada, mi hermano (quien ya había tenido buenas actuaciones) cometió un error. Y como dice el adagio: “Nadie es profeta en su tierra”, pues sus mismo paisanos – y hasta amigos – lo empezaron a abuchear, diciéndole entre otras ‘lindezas’: ¡Ah, tú, Suárez, que te trajeron por ‘estrellita’, y la estás ‘regando’! Mi papá, con quien yo había ido, hasta se buscó una bronca que no llegó a más, DEFENDIENDO A SU VÁSTAGO.

En esa época, como narra José Luís Ortiz, la mayor parte de los chamacos jugábamos con guantes de lona, o de los viejitos de piel, que nos iban regalando; y las pelotas eran de las que podíamos ‘cachar’, de las que salían del juego de los grandes; u otras, que nos daban, que ya estaban todas desforradas, y con bates rotos, que remendábamos en la carpintería de mi papá, y le

poníamos cinta adhesiva (no como la de hoy, que es de material sintético).

Y hay anécdotas que no se me olvidan de esa infancia, como cuando a un niño le regalaban un equipo completo de beisbol, sobre todo en el día de Reyes. Daba la casualidad de que ese niño

(que las de las veces era hijo de alguien con ‘posibilidades’ económicas, con las que no contaban nuestros padres) era el que menos habilidad tenía para jugar al beis (Como en la película “The Sand Lot”).

Pero él llegaba muy ufano a la calle donde – de vez en cuando – nos juntábamos la chamacada, para jugar una cascarita (a la cual le llamábamos el “guan, tu, tri”). Entre ellos, como podrás imaginar, andaba don Ramón Arano, y el hermano que le sigue, Wilfrido (‘Fido’). Éramos, al principio del juego, sólo seis u ocho chamacos. Pero iban llegando, poco a poco, otros más. Como decíamos, entre los primeros que habían llegado estaba el niño (riqui riquín) que llevaba todos sus guantes –mascota, mixtena (el guante de primera) y otros más; además de careta y pelotas. Y lo alineaban en alguna posición.

Pero después, cuando los chamacos eran más, y tenían más habilidad para desempeñarse, y el partido ya había tomado “calor”, a alguno de los advenedizos (los que habían llegado después) se le ocurría sacar al chamaquillo. Éste, lloroso, agarraba todos sus útiles, se iba a su casa y nos dejaba casi sin guantes. Pero, ¡no le hacía!, a ‘mano pelona’ seguíamos jugando. ¡Y qué divertidas nos dábamos! ¿cómo la ves?

P.S.- Este comentario lo agrego, porque se me vino el recuerdo de Mariano Rivera quien en cierta ocasión dijo (lo cual reprodujo, textualmente, una revista norteamericana): “In our childhood we

played with gloves made of carton boards”.

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