Adiós al artista del trampolín

A los 82 años se apagó la vida de la figura más gloriosa de la historia del deporte mexicano: Joaquín Capilla Pérez. Un atleta fuera de serie, poseedor de cualidades poco comunes en nuestro país, fuerte y leal, dueño de una proeza sin par: conquistó medallas en tres Juegos Olímpicos (Londres, Helsinki y Melbourne).

Un récord inigualable en nuestro deporte. Logró la reposición humana y técnica de los deportistas que nacen para brillar intensamente en el mundo. Un hombre que demostró a lo largo de su carrera que tenía los atributos de un auténtico ganador, que también venció las garras del alcoholismo. Poseedor de una gran personalidad que lo llevó incluso a la pantalla grande, además de su poder de transmisión, carisma, intuición, carácter y algo que muchos atletas deberían preocuparse por adquirir: la humildad de los que son realmente grandes.

Por todo ello, Joaquín Capilla ha sido el más grande deportista que ha pisado este país, una gloria que hasta cierto punto fue olvidada a pesar de ser el indiscutido rey de los trampolines en el mundo. Sus cuatro medallas lo atestiguan. Se convirtió en un símbolo de su época. Nunca nadie en México pudo ni ha podido aún siquiera acercarse a sus logros deportivos, porque reiteramos no era un simple clavadista extraordinario. Era un artista del trampolín. Descanse en Paz

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